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Proyecto Visión 21

Tu cerebro no siempre distingue entre realidad e imaginación, según científicos

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Dr. Francisco Miraval

17 de diciembre de 2018

Si tú te imaginas que un violento perro te va a atacar o que una enorme araña camina por tu espalda y está a punto de picarte, entonces tu cerebro responderá como si esas desagradables y peligrosas situaciones realmente estuviesen sucediendo.

Si, por el contrario, sientes ansiedad e incluso pánico, pero te imaginas que estás en un ambiente protegido y seguro, entonces tu cerebro actuará como si realmente lo estuvieses y tu sensación de ansiedad se reducirá, afirman expertos de la Universidad de Colorado en Boulder, Estados Unidos.

Según un reciente reporte difundido por la Escuela Icahn de Medicina de esa universidad, “la imaginación puede ser una herramienta poderosa” para ayudar a las personas a crear su propia realidad.

Las investigaciones realizadas confirman que “la imaginación es una realidad neurológica”, es decir, que para el cerebro lo que uno imagina no se distingue de la realidad. Aún más y por eso mismo, la imaginación puede tender un impacto positivo o negativo en nuestro cuerpo y en nuestro bienestar en general, según el Dr. Tor Wager, director del Laboratorio de Neurociencia Cognitiva y Afectiva de la Universidad de Colorado en Boulder y principal investigador del tema.

Aunque la conexión entre imaginación, cerebro y salud mental y emocional comenzó a estudiarse a mediados del siglo pasado, hasta recientemente se sabía muy poco del impacto neurológico de la imaginación que, según Wager y su equipo, es similar en muchos casos a haber vivido la experiencia en la vida real.  

Por eso, según Marianne Cumella Reddan, estudiante de psicología en la Universidad de Colorado y autora de un estudio sobre el tema, el nuevo estudio es “el primero en demostrar que la imaginación puede ser una amenaza real al alterar la manera que (la realidad) se presenta en el cerebro”.

Para llegar a esa conclusión, los investigadores usaron sensores de resonancia magnética funcional (fMRI, en inglés) para analizar el cerebro de 68 pacientes sanos, a quienes se les pidió que imaginasen sonidos placenteros (como el canto de los pájaros) o desagradables (tormentas). Cuando las personas imaginaban sonidos desagradables, se activaban las áreas del cerebro que responden a riesgos y amenazas. Sólo después de repetir el ejercicio varias veces el cerebro “aprendía” a calmarse.

En otras palabras, se puede “aprender” a no tener miedo de realidades imaginarias, si la imaginación se usa constructivamente, es decir, de manera consciente, según los investigadores.